lunes, 20 de octubre de 2008

Mi cotidiana compañera

Blanca. Era blanca. Arrugada de tanto torcerse para avanzar por caminos en los que nadie le consultó su parecer, lleva dignamente varios cortes que delatan sus luchas diarias contra el concreto, otras compañeras de sangre y uno que otro balón de fútbol. Como camuflaje de lucha aún mantiene intactas sus tres franjas de color verde, amarillo y verde a cada lado de su fisonomía. En el origen de sus cordones, brillante y reluciente se mantiene un pequeño trozo ovalado de metal con una figura de tres puntas, parecida a una hoja, que cual marca a fuego en el ganado recuerda diariamente al creador de esta soldado de cuero.

Basta con ver su base marrón para entender la valentía y el arrojo de esta “made in Vietnam”. Lo que antes eran surcos claros y definidos, ahora son en algunas partes de su recorrido llanos y suaves parajes. Imposible resulta no mirar ese gran agujero en el talón, en donde capas y capas de su epidermis no han podido detener un defecto de nacimiento de su diario portador.

Repartidas por el mundo están sus gemelas y hermanas, quién sabe con qué suerte en sus vidas, pero de seguro con muchas historias de fricción que contar. Mientras tanto esta musa blanca sigue ahí dispuesta sobre la alfombra, esperando que su interior (que alguna vez fue de un blanco inmaculado) sea ocupado por un “entalcado” miembro de 5 dedos, para soportar el rigor y la dureza de su respiración. Pero aunque los cordones de esta fiel compañera estén cruzados, sus brazos no lo están. Cuenta a su favor con 38 orificios de ventilación a cada lado, que le permiten sobrellevar con algo de dignidad sus quehaceres cotidianos.

La Adidas número 42 parece agotada. Sus marcas de guerra parecen confirmarlo. Pero no hay vuelta atrás. Sólo en la memoria de su dueño quedarán aquellos años en que el sol se reflejaba con dulzura en su superficie. Mientas tanto, ella espera ahí, con sus cordones abiertos a cada lado, como pidiendo a gritos que un pie calce en su horma.

domingo, 19 de octubre de 2008

Estamos de vuelta

Era cosa de tiempo. Y ese tiempo llegó.