El día de las elecciones municipales y cuando ya se sabían algunos de los resultados, fui a tomar once a la casa de unos tíos en Lota (a pesar de que voto en Concepción me tocó trabajar allá ese día). Tenía hambre y mientras comía, en la mesa se empezaron a sentir los efectos de la elección. La diferencia era evidente y la discusión empezó a subir de tono. Por un lado una postura de izquierda (un ex Mapu) y por el otro el apoyo al candidato derrotado (RN). Los argumentos llegaron a un punto predecible: la dictadura, los detenidos desaparecidos, la memoria, el perdón, el olvido, etc.
Me tocó hablar cuando mi tío me preguntó por quién había votado. Ahí empezó un nuevo problema. Ante mi respuesta pasé a ser libertario y un contagiado más por ciertos movimientos universitarios. ¿Cómo ninguna de las opciones te va a representar? me dijo. Ahí estaba el problema.
Para comenzar a entender tendriamos que cambiar algunos conceptos tradicionales (por no decir viejos). Uno de ellos es que votar significa elegir. Lo escuchamos en los medios de comunicación y en los discursos oficiales. Pero elegir significa escoger a alguien, o sea dentro de un cuadro de opciones LIMITADAS. Pero aunque muchos lo quieran así, la democracia no es como el consumo moderno. También hay una (sana y revitalizante) posibilidad de disentir, de ser divergentes y de manifestar públicamente esa diferencia y desacuerdo. Sobre todo para quienes no cargamos con traumas histórico-políticos y no vemos el mundo de dos colores opuestos y excluyentes, el voto nulo es una expresión válida y un rechazo al statu quo. Votar es opinar y la opinión también puede reflejarse en una no-elección.
¿Se han preguntado por qué a los votos nulos no se los considera como votos "validamente emitidos" y son exluídos de los análisis oficiales? Nuestro sistema electoral , que obliga a votar a quienes se encuentran inscritos (no sea cosa que se vaya a volar la gallina de los huevos de oro), no considera una manera formal de manifestar rechazo al ofrecimiento político del momento (la no inscripción puede llegar a representar algo de eso, pero de manera muy vaga e imprecisa). En cambio, en los sistemas democráticos modernos, se tiene clara conciencia de que la abstención de los votantes es un mensaje de claro y fuerte contra la clase política.
Muchos dicen que anular el voto es perpetuar en el poder a quien, en la (i)lógica política partidista, se debería destituír mediante la elección del contrario. Mentiras. Quien nos quiera representar (que lejos estamos de eso) debe ganarse su opción y demostrar que se la puede. Recurrir como lo está haciendo la derecha a esa vaga teoría de la alternancia en el poder, mientras entre ellos se acuchillan por la espalda, no es más que falta de materia gris. Y de los otros, ni hablar.
Mientras tanto, seguiré votando por Juan Nulo.
Me tocó hablar cuando mi tío me preguntó por quién había votado. Ahí empezó un nuevo problema. Ante mi respuesta pasé a ser libertario y un contagiado más por ciertos movimientos universitarios. ¿Cómo ninguna de las opciones te va a representar? me dijo. Ahí estaba el problema.
Para comenzar a entender tendriamos que cambiar algunos conceptos tradicionales (por no decir viejos). Uno de ellos es que votar significa elegir. Lo escuchamos en los medios de comunicación y en los discursos oficiales. Pero elegir significa escoger a alguien, o sea dentro de un cuadro de opciones LIMITADAS. Pero aunque muchos lo quieran así, la democracia no es como el consumo moderno. También hay una (sana y revitalizante) posibilidad de disentir, de ser divergentes y de manifestar públicamente esa diferencia y desacuerdo. Sobre todo para quienes no cargamos con traumas histórico-políticos y no vemos el mundo de dos colores opuestos y excluyentes, el voto nulo es una expresión válida y un rechazo al statu quo. Votar es opinar y la opinión también puede reflejarse en una no-elección.¿Se han preguntado por qué a los votos nulos no se los considera como votos "validamente emitidos" y son exluídos de los análisis oficiales? Nuestro sistema electoral , que obliga a votar a quienes se encuentran inscritos (no sea cosa que se vaya a volar la gallina de los huevos de oro), no considera una manera formal de manifestar rechazo al ofrecimiento político del momento (la no inscripción puede llegar a representar algo de eso, pero de manera muy vaga e imprecisa). En cambio, en los sistemas democráticos modernos, se tiene clara conciencia de que la abstención de los votantes es un mensaje de claro y fuerte contra la clase política.
Muchos dicen que anular el voto es perpetuar en el poder a quien, en la (i)lógica política partidista, se debería destituír mediante la elección del contrario. Mentiras. Quien nos quiera representar (que lejos estamos de eso) debe ganarse su opción y demostrar que se la puede. Recurrir como lo está haciendo la derecha a esa vaga teoría de la alternancia en el poder, mientras entre ellos se acuchillan por la espalda, no es más que falta de materia gris. Y de los otros, ni hablar.
Mientras tanto, seguiré votando por Juan Nulo.
